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Músculos y nervios

El diseño, en mi caso particular, es una estructura débil dónde se va asentando todo lo que es líquido. Esto suele consistir en un dibujo primario y desordenado (sin muchas pretensiones), el cual se va llenando de fuerzas tensionales que, a su vez, van distorsionando la idea original.

Mi idea con este proceso es buscar lo incontrolablemente preparado. Es como una de esas piscinas montables. Primero se levanta la estructura y las paredes para después llenarlas de agua. El campo de juego está en el medio líquido. Y es aquí donde se produce la danza y donde yo me encuentro. Si además buscamos el “más difícil todavía”; imaginad que podemos retirar de un golpe el molde de la piscina, como quien tira con fuerza del mantel de una mesa dejando los objetos que están encima; nos quedaría en suspenso, por una milésima de segundo (en slowmotion), la forma rectangular del agua y yo en medio con la cara del coyote de los dibujos cuando cae por el desfiladero. Luego se derramaría por todos lados, desapareciendo la piscina en segundos y mi cuerpo arrastrado con ella. 

La búsqueda de la sensación es parecida a esto, se desarrolla en un espacio de tiempo imperceptible y no tiene estructuras fijas que la sustenten. Mi intención es detener el flujo en ese instante en el que se produce un atisbo de sensaciones. Justo antes del momento previo al desastre. Hay que acogerse a la fórmula de Klee,  “no hacer lo visible, sino hacer visible”. Un rostro de frente es una piscina que se ve quieta pero a la vez se desmorona.

La “sensación” es más poderosa que la información que llegamos a percibir como real. La sensación es vibración. Es una corriente eléctrica. Y encarnar esa sensación es como dar forma al agua. La sensación recorre tu cuerpo a través de los nervios. Un cuerpo sin órganos, sin huesos, sólo músculo y nervios. De esta forma transformamos el agua en un elemento más denso y podemos manejar, aunque con dificultad, la sustancia que ahora se hace semi-líquida. Cambiar de alguna manera la composición química para cambiar a su vez las propiedades materiales.

El color tiende a expandirse y a contraerse en todas sus dimensiones y la línea, con su perfil delimitador, controla estos infinitos. Con esta combinación de músculo y nervios (color y línea) creamos masa. Las fuerzas invisibles entran en acción. La irritabilidad de las líneas van moldeando las masas de color. Lo invisible se propaga como una onda expansiva en todas las direcciones, cortando, estirando, doblegando, ondulando y plegando. Todas las fuerzas invisibles nacen del interior. La idea no es inventar formas, sino captar fuerzas de empuje. Por ello, la sensación es agente de deformación de los cuerpos o un intento de formación movediza en continuo flujo o ambos a la vez. La sensación está en el cuerpo mismo, sin estructuras internas ni externas que lo sustenten.

Yo actúo como un cuerpo extraño en el medio líquido, como un acróbata que dibuja círculos para mantenerse a flote. Buscando el ritmo en una lógica de los sentidos que no es racional. Es una movilidad histérica y descontrolada, sin órganos. Un torrente de vida que se desparrama como una piscina sin paredes que pueda contener las fuerzas que empujan sin control.

Diseñar es abrir vías a las sensaciones del dibujo para hundir en el líquido el rostro de la persona y hacer que emerja la cabeza de lo humano. La cabeza que busca el grito desgarrador que se encierra en el estómago de cada uno de nosotros.
El objetivo vital sigue siendo el  mismo;
mantenerse a flote.

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